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Aeromodelismo de Ayer y de Hoy. Cap II. Por Carlos Pereira Ciezar

AEROMODELISMO DE AYER Y DE HOY

(MEMORIAS DE UN VIEJO AEROMODELISTA)

Carlos Pereira Ciezar

Capítulo II.- La Edad Media. 1.953-1.957

Después de terminar el curso seguí asistiendo a las reuniones del club con mi amigo, que no había ido a la escuela, aunque no podíamos hacer mucho más que antes porque seguía habiendo la misma falta de materiales. Sin embargo, supimos que en un almacén de maderas de la calle Santa Engracia, tenían una madera a la que llamaban “balsa de Guinea” y fuimos a ver qué era aquello. Efectivamente, tenían esa balsa de Guinea pero había que comprar un tablón entero y tuvimos que esperar un tiempo hasta tener el dinero necesario. Cuando pudimos comprarlo hubo que llevarlo a una serrería para que lo cortaran en planchas de 2 milímetros  y así pudimos empezar a construir algunos aeromodelos, siendo el primero otro Chimbo y, después, otro Baby. El forrado de las alas y aviones era con papel de envolver del tipo Kraft, o verjurado, de 50 gramos por metro cuadrado. Al principio, lo tensábamos con agua, sin más, pero averiguamos que en la calle Amaniel había una droguería donde vendían a granel una laca nitrocelulósica parecida a la novavia, aunque de un color de caramelo obscuro y muy espesa  pero suficientemente buena.

Lo que no había manera de conseguir era el contrachapado de abedul y no fue hasta 1.954, cuando hice los dos primeros cursos de vuelo sin motor, el A y el B, en la escuela de Somosierra, cuando pude tener en mis manos algunos trozos de ese preciado material, gracias al carpintero de la escuela que me dio algunos retales. Ese mismo año, en septiembre, hice el último curso, el C, en la escuela de Monflorite y allí conseguí más cantidad de recortes.

Resuelto ya el problema de los materiales empecé a construir algunos de los modelos de las revistas argentinas, concretamente veleros y algún planeador lanzado a mano que me dieron muchas satisfacciones y algún disgusto que otro, por rotura o pérdida.

Para evitar  las pérdidas usaba como destermalizador una mecha de mechero que previamente había que mantener sumergida en una solución de agua y salitre durante 24 horas y que, una vez seca, se colocaba entre una goma que sujetaba el borde de fuga del estabilizador al fuselaje y se prendía con un cigarro. Al llegar el fuego a la goma la quemaba y el estabilizador se colocaba a unos 45 º de inclinación accionado por una goma que tiraba de el y un hilo que impedía que  se inclinara más de lo necesario. A pesar de ello, era frecuente que la mechita se apagase o que el fuego no quemase la goma con lo cual la carrera era segura y, en muchas ocasiones, la pérdida del modelo.

                         Destermalizador típico usado en los años 50

 

En cuanto pude compré mi primer motor, un Webra Piccolo diesel, de 0,8 cm3, una maravilla, de arranque facilísimo y gran potencia, pese a su pequeña cilindrada. Inmediatamente construí el primer modelo para vuelo circular, el biplano S.E. 5, que me dio muchas satisfacciones una vez que aprendí a no marearme. Para ello, previamente, construí un modelo con contrachapado de carpintero al que mediante un cordel de unos 5 metros unido a un palo de escoba hacía dar vueltas a mi alrededor hasta que conseguí dominar el mareo.

No me detuve ahí y probé con un motovelero, aprovechando los planos de una de las revistas argentinas. En esta ocasión los problemas empezaron desde el principio pues había que ingeniárselas para que el motor funcionara unos pocos segundos, so pena de quedarse sin el avión. Yo lo resolví con un gotero al que quité el capuchón de goma, pero tuve que probar con varios tamaños porque si era pequeño se salía la mezcla al subir casi en vertical y si era grande alcanzaba demasiada altura y había que correr mucho para recuperarlo.

Fueron unos años de mucho aprendizaje, hasta que me llegó la hora del servicio militar y durante 14 meses tuve que suspender mi actividad. Después, una novia y más tarde mi boda impidieron que pudiera dedicar mucho tiempo al hobby, aunque no lo dejé del todo.

 

Aeromodelo Flite Streak, acrobático de vuelo circular

 

Con un velero, en el Cerro del Telégrafo

 

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