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Aeromodelismo de Ayer y de Hoy. Cap I. Por Carlos Pereira Ciezar

Queridos lectores, de vez en cuando nos llevamos sorpresas muy gratas. Conozco a Carlos Pereira Padre desde hace 3 o 4 años. Siempre le he tenido un gran respeto y aunque a veces hemos discrepado en algunos temas, me ha parecido siempre una persona muy cabal, entusiasta y perfeccionista. No es peloteo pero creo que el mejor adjetivo que le describe es el de AEROMODELISTA con mayúsculas.

Hace algunos meses hablamos de lo importante que es el conocer nuestra historia para no cometer demasiados errores en el futuro. Y hablamos bastante sobre cómo había cambiado este mundillo nuestro asociado a los veleros. Con estas ideas en mente Carlos ha tenido a bien obsequiarnos con un relato sobre su visión de la historia del Aeromodelismo más cercano. No se trata de un estudio sesudo con cifras, sino de su visión e historia personal en este mundo.

Es un relato personal y que os enganchará tanto como me enganchó a mi al leerlo. Eso esperamos al menos.

Un abrazo a todos y demos paso al maestro.

Saludos, Javier.

AEROMODELISMO DE AYER Y DE HOY

(MEMORIAS DE UN VIEJO AEROMODELISTA)

Carlos Pereira Ciezar

 

Capítulo I.- La Prehistoria. 1.950-1.952 

Mi interés por las cosas del aire empezó desde muy temprano. El “culpable” de ello fue el que es el mejor y más antiguo de mis amigos, un entusiasta ferviente de la aviación. Éramos vecinos y nuestro entretenimiento favorito era hacer aviones de papel y lanzarlos al aire hasta cansarnos.

Más adelante, empezamos a hacer “aviones” con palos de escoba y cañas, forrando las alas con papel de periódico pegado con engrudo. Aquellos pseudo aviones, como es de suponer, nunca llegaron ni siquiera a planear y caían a plomo cuando los lanzábamos desde lo alto de un cerro.

Cuando pudimos disponer de algún dinero lo gastábamos comprando unas revistas argentinas de aeromodelismo, tituladas así, “Aeromodelismo”, que adjuntaban los planos, a tamaño natural, de varios aeromodelos, tanto de vuelo circular, como veleros, motoveleros o de motor de gomas, estos tres últimos de vuelo libre, pues en aquellos años, a principio de los 50, el radio control se estaba empezando a experimentar en Estados Unidos.

Disfrutábamos enormemente leyendo los artículos y las reseñas de los muchos concursos que incluían, pero los planos eran lo que más nos atraía, aunque también nos causaba mucha desazón porque era prácticamente imposible para nosotros el poder construir cualquiera de aquellos aviones. La razón era, sencillamente, que no había posibilidad de comprar en ningún sitio los materiales necesarios para ello. Sólo existía en Madrid un sitio donde poder encontrar algo para poder construir un aeromodelo, Casa Reyna, en un piso de la calle Desengaño, pero allí sólo tenían  algunos listones de pino, hoja de limoncillo de 1 milímetro y un contrachapado retorcido de haya, también de un milímetro, totalmente inapropiado. Sabíamos que existían la madera de balsa y el contrachapado de abedul por las revistas argentinas y algunas otras americanas que también comprábamos, pero nunca habíamos visto ni la una ni el otro.

Un día cayó en nuestras manos un aeromodelo de verdad que un primo de mi amigo, que vivía en Carabanchel, había encontrado un domingo cuando paseaba por el campo y sabedor de su afición por los aviones no había dudado en dárselo. Era un aeromodelo enorme, de más de 2 metros de envergadura y unos 30 centímetros de cuerda, con un gran fuselaje fusiforme, todo él construido con listones de pino y contrachapado de abedul de 1 milímetro. Una verdadera obra de arte que no tardamos mucho en destrozar contra un árbol en una colina de Peñagrande. Entonces no sabíamos nada sobre el aeromodelismo que se practicaba en Madrid pero, años más tarde, cuando ya estábamos metidos en ese mundillo, llegamos a la conclusión de que ese aeromodelo debían  haberlo perdido en algún concurso o exhibición en Cuatro Vientos o la Venta de la Rubia, donde solían volar sus modelos los alumnos y profesores de las dos escuelas de aeromodelismo que había entonce en Madrid, la Central y la Provincial. Esto lo confirmamos plenamente hace tres o cuatro años en una de las visitas que hacemos periódicamente al Museo del Aire cuando vimos en la nueva sección de aeromodelismo un modelo muy parecido a aquel que destrozamos.

 El fuselaje inferior y las alas del aeromodelo como el encontrado. Museo del Aire

En una revista de aeromodelismo, “El aeromodelista”, que se empezó a publicar en España, nos enteramos de que existía un club de aeromodelismo en Madrid, el Aracuán, que celebraba reuniones un día a la semana en una cafetería de la calle Luchana y en la primera ocasión que tuvimos nos presentamos allí una tarde y entramos en contacto con ellos, iniciando así nuestro conocimiento del aeromodelismo. No faltábamos ninguna semana y los domingos por la mañana íbamos al Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil, en la calle Príncipe de Vergara, en cuyo patio hacían vuelo circular.

Unos cuantos meses después, uno de los asistentes a las reuniones, el jefe de la Escuela provincial de Aeromodelismo de Madrid, anunció que en octubre iba a empezar el curso y que quien quisiera podía asistir a las clases. La Escuela estaba en Vallecas y era gratuito, así que no dudé en solicitar mi inscripción inmediatamente.

El curso duró dos meses en los que había que construir dos aeromodelos, el Chimbo, un planeador elemental y el Baby, algo mayor y más complejo capaz de realizar vuelos de mayor duración. Aprendí a manejar la segueta, tallar el bloque de costillas, preparar la cola de caseína, la técnica del entelado y tensado y todo lo necesario para poder construir un aeromodelo. Al final del curso nos llevaron al antiguo aeródromo de Griñón, en un camión del Ejército del Aire, y tuvimos que volar cada uno su avión, remolcándolo a la carrera con un cable de unos 50 metros. Mi título de aeromodelista tiene fecha del 3 de noviembre de 1.952.

 El Chimbo, construido por mí recientemente                           El Baby. Museo del Aire

 

 Mi título de aeromodelista

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  1. juanramosreal
    27 junio, 2012 en 8:05 am

    Gracias Carlos, la íntima satisfacción de construir y volar un modelo es muy difícil de transmitir, pero hay que intentarlo. Está muy bien recordar las dificultades de aquellos tiempos para disfrutar hoy de las facilidades que tenemos. Un placer leerte. Espero las siguientes entregas de este “veterano” (que no viejo) aeromodelista.
    Un abrazo
    Juan

  2. Manolo San José
    27 junio, 2012 en 8:29 am

    Amigo Carlos: Ha sido un verdadero placer el leer esta tu primera entrega de muchos trabajos (espero) con los que nos deleitarás y en mi caso, cosas de la edad, hacerme recordar, vivencias, no por lejanas en el tiempo, menos intensas y entrañables. Animo para seguir con este trabajo de un aeromodelistas completo, ya que completo es el que diseña, construye y vuela sus propios aviones. Un fuerte abrazo.

    Manolo

  3. Luis tejero
    27 junio, 2012 en 1:01 pm

    Enhorabuena Carlos por compartir con nosotros tus vivencias y experiencias dentro de nuestro mundo.
    Era una época curiosa y entrañable por las dificultades que se encontraban por falta de medios, sobre todo en cuanto a materiales. Dificultades que superabaís con ilusión e imaginación (mucha)
    Con la alegria de leer los siguientes capítulos y agradeciéndotelos, recibe de los dos:

    UN FUERTE ABRAZO

    Luis Tejero

  4. Juan Andres Castro.
    27 junio, 2012 en 7:20 pm

    Preciosas vivencias , mucha ilusión por conseguir ,que lo que hacias con tus manos flotara en el aire… El baby , el Campamental , del libro “Aeromodelismo” de la editorial Doncel, ….las tardes de verano corriendo por el campo lleno de cardos tirando de una cuerda , los vecinos pequeños sigueindote cuando salias con “tu avion “, (que solo teniamos uno y gracias)… En fin , esperamos la segunda entrega.

  5. Enrique Cobo
    27 junio, 2012 en 7:57 pm

    Muy bueno Carlos, y muchas gracias Javier por colgarlo en tu página.

    Ahora lo tenemos todo al alcance de la mano, desde los planos hasta distintos componentes y materiales, además tenemos ayuda diversa desde experimentados aeromodelistas como vosotros hasta vídeos en youtube o similar. No obstante, los inicios son memorables. Todavía me acuerdo cuando me regalaron mi primer P51 de vuelo circular.

    Muchas gracias de nuevo.

    Enrique

  6. 28 junio, 2012 en 4:37 pm

    Esperando con impaciencia nuevos capítulos de esta bonita crónica-historia.
    Mis inicios en los ’70 no fueron tan duros, pero si recuerdo mi primer avión. Todo pino y contrachapado y papel ¿Karaft?. Estos inicios fueron menos duros porque tenía de guia y maestro a mi amigo Alfonso Cortina, que estudiaba aeronáuticos.
    Pero si recuerdo que no comprábamos nada hecho. Todas las piezas nos las hacíamos nosotros, incluidas las T de mando que cortábamos a segueta.

  7. Carlos Pereira Ciezar
    28 junio, 2012 en 9:38 pm

    Gracias, amigos. Sois muy amables y agradezco mucho vuestros elogiosos comentarios. Espero que también os interesen los restantes capítulos. Un abrazo para todos y cada uno de vosotros.

  8. Mariano Valle Duque
    11 marzo, 2013 en 6:12 pm

    Yo construí el Chimbo, el Baby, y uno mas pequeño que estos que se llamaba Pelayo, eran los 3 aviones veleros con los que empezabas a aprender a construir en las escuelas que teníamos antes los aeromodelistas que queríamos aprender a construir aviones, y luego íbamos a los concursos regionales todos los años, cada año a una ciudad distinta.

  9. Antonio
    5 noviembre, 2015 en 9:37 am

    Recordando viejos tiempos, he dado con esta página y con el precioso relato de Carlos.
    Yo estuve en una escuela de aeromodelismo que estaba en la calle de los Estudios 7 en Madrid, dentro de un local del Frente de Juventudes pero que no tenia nada que ver con ellos pues estaba subvencionado por el Ministerio del Aire. Aprendí a construir los primeros veleros (Chimbo y Baby). Que tiempos…. disfrutaba lo indecible ensamblando las costillas, el fuselaje, todo ello pegado con la célebre “caseina”. y entelandolo con papel especial que se tensaba milagrosamente humedeciendolo. Ibamos a volarlos a Cuatro Vientos (Venta de la Rubia) entre otros. Posteriormente hice un curso de vuelo sin motor de los cuatro que había A,B,C. (C de plata y oro). Sólo pude hacer uno por falta de medios económicos, pues el B y Cs se hacían en Llanes (Asturias). Me encantan vuestros comentarios. Un abrazo para todos.

  10. fran
    16 diciembre, 2016 en 9:18 pm

    Uf que tiempos
    Yo aprendí en burgos a fabricarlos y me tire horas con la sierra la lija y mil cosas más para fabricar el BABY y otros 3 más de vuelo circular.
    Todavía funcionan y vuelan pero ya son mayores tienen la friolera de 35 años…
    Algunos parches y reparaciones pero siguen conquistando el cielo.
    ¿Una pregunta alguno conoció a Rojas fue el que nos metió el gusanillo en burgos?

  11. Domingo
    21 marzo, 2017 en 7:32 pm

    Hola, El planeador Chimbo fué el primer avión que construí, y quisiera volver a construirlo, te ruego si puedes indicarme donde conseguir el plano, muy agradecido.

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